
Todavía entrás con esa fuerza a mansalva, todavía sabés provocarme arritmia en las heridas y cosquillas en los huesos. ¿Lo vés? Nadie es más fuerte que tu amor. Sube y baja como calesita en los costados de mi respiración y suspiro ese aire a primavera, bienvenido dulce Noviembre. Me siento a contemplar en silencio el recuerdo de tu perfección de metro ochenta y tres y todo lo que significaba para mí. Sos como las agujas del reloj, marcás mis pasos. Tu presencia presume un dolor inexplicable que se amotina a mi cuello, que no me deja respirar. Tengo miedo a tus respuestas en forma de silencio, no las he entendido jamás y no creo que pueda hacerlo ahora. Todavía tenés ese poder sobrenatural en mí, no sé cómo hacer para que no tenga el efecto devastador que suele tener en mis horas de insomnio. Todavía no he aprendido a dejarte ir.















