jueves, 20 de agosto de 2009

Verte hoy,

15 minutos, Dios. Un abrazo, sentir que los besos alrededor de mi cuello no podrían ser mejores; sentir que las palpitaciones de los dos corazones se complementaban en una sinfonía angelical de simples latidos. 15 minutos, el tiempo en que la frialdad de mi ser se acostumbró a tu humano calor.
15 minutos y las lágrimas arrasando sobre mi garganta por aquel poco tiempo robado a hurtadillas de tus amigos y mi familia; quince minutos...contigo.
El pulso acelerado, las yemas de tus dedos acariciando suavemente la tez de mi piel. Crispada por todo aquel lugar al que me elevas miré firmemente tus ojos; mantenías frente a mí esa mirada tierna y de nostalgia de aquellos tiempos de abril.
Creo que nada supera la felicidad que me diste de entre todo este agobiante sufrimiento al que me he sometido los últimos 10 meses; nada como acurrucarme en tus brazos hoy, podría ayudarme más.
Sé todo lo que seremos.

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