
Que si ibas a irte, yo hubiese preferido que me dieras la espalda, no que me robaras el último beso de abril y me dejaras arañando por un poco más de amor.
No que me dejaras confundida entre gritarte a toda garganta y despedazada mi histeria por no saber encontrarte. Me dejaste ahí mirando cómo tu camisa a cuadros se alejaba y empeoraba la perspectiva en medio de ese zonda de nunca acabar.
Fulminando con ráfagas lo poco que me quedaba de ese cigarrillo. Sentada a la espera de algo que jamás valdría la pena. O que si, y no era más que eso: un momento, fugaz. Vos.
Vos y todo lo que tu puta vida me encierra. No sos un vals bailable, sos más o menos un blues triste que hace juego con mis ojos verdes a la luz incandescente de la noche.
No me dejés acá, sintiéndome huérfana de ese instante.
Dame ese segundo de eterna endorfina.
Me encanta como escribís negra, si no te molesta te voy a seguir.
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