Caer en la cuenta de todas esas palabras que nunca dijiste, de todos esos abrazos que te reprimiste. Darte cuenta que desperdiciaste tanto tiempo aparentando y maquillando una frialdad inexistente que te carcomía la dulzura. Ignoraste que enfrente tenías UN AMIGO que adorabas con lo más profundo de tu ser, sin darte cuenta que podía ser DEMASIADO tarde algún día para decírselo.
Y mientras te dibujabas espejismos alguien golpeó la puerta y llegó la noticia: tu amigo se ha ido. No más tardes caminando por el parquecito, no más misas, no más predicciones del futuro, no más deliradas, no más Mario en tu vida. Y se te oprime el pecho y de a poco, casi como tu mente va incorporándose a la idea, de a poco, salen las lágrimas.
Se fue, murió, NO VA A VOLVER. Y es un torbellino inexplicable de sentimientos y pensamientos que se enredan en los cómo, cuándos y por qués, te supura la herida. Y ves esa mirada multiplicada en el formato que debe tener tu mente ahora mismo. Lo ves, lo imaginás vestido como lo viste esa última vez, que estabas apurada, distraída por esas frivolidades; sin darte cuenta que remotamente el día de mañana tal vez ya no esté.
¿Que si vas a crecer? Cuán egoísta me he vuelto, todavía no puedo creerlo. El que me decia "vamos Morocha, vamos", "no seas blda, haceme caso", "el Seba no es para vos" y dios sabe cuántas cosas más.
No puedo arrepentirme, donde sea que estés te pido perdón. Perdón por no ser lo que tal vez esperabas de mí, perdón por volverme tan autista y tan egoísta, perdón por reprocharte tus consejos y seguir con mi camino aún sabiendo cuanta razón tenías. Y no tengo palabras, ni siquiera puedo ordenarme la cabeza.
Que estés donde estés, seas felliz. Mario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario