domingo, 27 de junio de 2010

Pero tu poesía suena y retumba en los ecos de mi mente caprichosa; que no puede alcanzarte y no hay forma de elegirte a los gritos frente a la vida.
Me resigno una y otra vez en este invierno que te congela, te congela y te deja perfecto ante mis ojos y los de nadie más. Nunca más un beso apasionado a la luz de esa luna histérica ni un sinfin de frases que van a parar donde nadie las pueda pronunciar.
Ya nunca más tu nombre combinándose con el mío, tu mano entrelazada a mi cintura.
Muñequita frágil, princesita tuya; nadie.

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Wonderland;