Y mientras escribo, tengo un nudo en el estómago. Me desperté opacada por la imagen de ru risa, de sus ojos deshaciéndose con los rastros que me quedaban prendidas al aire de ese sueño;
Soñar con él es la tortura más lenta, porque no puedo controlarlo. Al menos cuando lo pienso, cambio de tema y se desvanece. En los sueños su figura es permanente. Me fui a dormir contenta y desperté desahuciada. Tengo que poner buena cara si quiero conseguir trabajo, pero la imagen de él abandonándome en medio de un patio de algún colegio todavía me apuñala los segundos.
Mierda, cómo cuesta desprenderse. Me admiro por haber tenido el valor de hacerlo, me odio por haberme enamorado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario