No podía disparar más del gatillo, las balas no lograban penetrar en su piel. Lo miraba con todo el veneno del que se inundaba mi corazón. Lo miraba odiando cada peca, cada lunar, cada brillo de sus ojos.
Quería terminar con su vida, aficionarme a su ausencia, desenmascarar de una vez la hipocrecía con que se llenaba su alma. Le odiaba, le odiaba por hacerme vomitar, por incitarme a autolesionarme, por hacerme derramar más lágrimas de las que posiblemente lloraría durante el resto que me quedaba de vida. Quería morir, pero necesariamente tenía que acabar con su existencia primero, no soportaría que alguien más lograra mirarlo mirar, que alguien pudiera siquiera ser dueña de su piel, o reflejarse en sus ojos azules. No quería, no quería que respirara el dioxido de carbono que palpitaba en Bs As, ni quería escuchar un Te amo que no fuera para mí de su boca; quería acabarlo.
Mientras lo miraba mirarme, todo pasaba por mi cabeza. Se estaba acabando, pero las dos balas disparadas no salieron del revólver.
Te miré por última vez, me dijiste ¿Qué estas haciendo?
Y la bala estalló contra su cuerpo.
Muajajajajajaja
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