Tiene algo en su mirada, algo que se me hace increíblemente familiar. Algo que ni en siglos hubiera podido encontrar en otra persona.
Me mira y se acerca. Se ve que ella tmb ha visto algo en mí que le llama la atención y como en electro shock mi corazón comienza a latir a la velocidad de la luz.
Hace años que no sentía así, como si mil ilusiones se cargaran a mi espalda.
Tiene los ojos más increíbles que haya visto jamás, grises como el resto de las tardes de otoño que quedan por vivir. Su boca es una condena a mis deseos.
No puedo recordar de dónde viene tanta familiaridad.
Ella se acerca a mí y me estrecha en Dios sabe cuán fuerte abrazo. La miro asombrado, empalidezco. Siempre me han molestado esas coincidencias inexistentes y ni hablar de las muestras de afecto en público, ni pensarlo siquiera cuando se trata de un completo desconocido.
Creo que comencé esa patología cuando de joven el amor de mi vida me dijo que detestaba que la abrazara en público. Cuando ella se fue me volví un completo vegetal. Pero hacía tiempo guardaba sus memorias en algún viejo sueño enterrado en algún amanecer perdido.
Me miró extrañada,
-Manuel, es que acaso no me recuerdas?
La voz de la joven retumbaba como melodía por mi cuerpo; había algo latente, pero no lo dejaba salir.
Mi mente era un caos de rostros, miradas, sensaciones y nombres. Pero no alcanzaba a dar en el clavo con ella.
-Soy yo Manuel soy yo. Viviana.
El nombre, todavía me resultaba aún más desconocido. La joven comenzó a derramar lágrimas mientras tomaba mi mano.
-Así que es verdad, Manuel, es verdad. Me has olvidado. Lo has logrado. Sin embargo yo te sigo amando. Han pasado los años y todavía me arrepiento de haberte dicho adiós. Realmente no...no..¿no me recuerdas?
-Disculpe, le dije. Honestamente no sé quién es usted, aún así me resulta muy familiar.
-Yo era tu novia, Manuel, nos íbamos a casar, íbamos a tener hijos, lo habíamos soñado juntos...y un día, a los 23 años, te dije que no quería más. Y me juraste que aún 10 años más tarde yo iba a volver, pero que vos me ibas a olvidar, que no ibas a pensar nunca más en mí. ¡Qué idiota! Pero qué idiota soy,
De repente, como si estuviera a punto de acabar con mi vida las imágenes de Viviana volvieron en flashback hacia mí. Sus planteos, mis desgastes, sus faltas de afecto, mi amor obsesivo. Mi olvido y su recuerdo, las lágrimas. El dolor. Olvido. Recuerdos reprimidos y el objetivo logrado. Al fin, mi olvido.
Sonreí lentamente, le agradecí por haberme vuelto un completo insensible y seguí mi camino...
~Todo vuelve, pensé.

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